El incremento del Índice de Precios del Trabajo en 2022 queda por debajo de la inflación

La elevada inflación “se come” las mejoras salariales

    El mercado de trabajo ha mejorado sensiblemente desde 2017, pero los salarios aún no han podido recuperar el poder adquisitivo perdido en la década anterior. Para CCOO es imprescindible seguir mejorando la calidad y cantidad del empleo y los salarios, además de actuar con mayor intensidad sobre los principales elementos que determinan el coste de la vida de los hogares.

    01/07/2024.
    El avance de los salarios es inferior a la inflación

    El avance de los salarios es inferior a la inflación

    Los salarios están aumentando desde 2017, reflejando las mejoras laborales adoptadas en los últimos años: SMI, reforma laboral… Sin embargo, esto no ha sido suficiente para compensar la subida de precios del IPC y de otros costes vitales no incluidos en el IPC (compra de vivienda, hipotecas).

    Los avances en materia laboral no están siendo suficientes para cerrar la enorme erosión del poder adquisitivo de los hogares, y se evidencia la necesidad de actuar no solo sosteniendo e impulsando los ingresos de los hogares sino también sobre los principales gastos que disparan el coste de la vida.

    El mercado de trabajo evoluciona favorablemente en su objetivo de dotar de más y mejor trabajo retribuido con mejores salarios (y debe seguir mejorando porque queda mucho por mejorar). Pero estas mejoras son insuficientes para mantener el poder adquisitivo de los salarios, lo que revela que deben ampliarse los mecanismos de control de precios en materia de bienes básicos, vivienda, hipotecas…

    El índice de precios del trabajo (IPT) muestra un aumento relevante en 2022 (+5,5%), pero claramente por debajo de la inflación media registrada ese año (+8,4%). Desde 2008 el IPT acumula una pérdida de poder adquisitivo de 9,8 puntos porcentuales. La subida acumulada de la inflación ha sido muy superior a la de los salarios.

    No obstante, se pueden distinguir claramente dos etapas en este proceso:

    • Entre 2008 y 2017, la década de la crisis, los recortes y la austeridad, los salarios cayeron tanto en términos nominales (-0,4%) como reales (-9,5%). Los salarios soportaron una congelación nominal durante esa década agravada por el efecto de la inflación acumulada durante esos años.
    • Desde 2017, con el cambio de la política económica y laboral, los salarios han avanzado con fuerza en términos nominales (+13,6%) pero esto se ha traducido en una ligera pérdida de poder adquisitivo en términos reales (-0,4%) por el fuerte aumento de los precios en 2022 (+14,0% acumulado).

    Es decir, aunque a lo largo de todo el periodo se acumulan pérdidas de poder adquisitivo de los salarios, ni su cuantía ni su origen tienen nada que ver. Venimos de una etapa de ajuste salarial que generó una fuerte pérdida de poder adquisitivo de los salarios. La diferente orientación de las políticas laborales del Gobierno a partir de 2018, que ha tenido en cuenta muchas de las propuestas sindicales, se ha traducido en una evolución nominal de los salarios mucho más alta que, no obstante, tampoco ha sido suficiente para garantizar el poder adquisitivo de los salarios y mucho menos recuperar el poder adquisitivo perdido en la década anterior.

    Las políticas en materia laboral deben seguir mejorando la calidad y cantidad del empleo y de los salarios. Pero es imprescindible actuar con mucha mayor intensidad sobre los principales elementos que determinan el coste de la vida de los hogares, especialmente sobre los bienes y servicios de consumo básicos (alimentos y energía) y sobre el coste de la vivienda en compra y alquiler. Sin medidas de regulación e intervención pública que ajusten el coste de la vivienda (y del resto de bienes y servicios esenciales) a la capacidad de pago de los hogares, se seguirá agravando la crisis vital que soporta gran parte de la clase trabajadora.